Soul Mates, entre las almas gemelas y el amor verdadero

Fabiola Santiago

 

Es común, para aquellxs que hoy reconocemos nuestra orientación sexual como disidente, haber crecido con dudas y confusiones. Es común, incluso, haber callado algún deseo o haber querido en silencio, por temor a los demás o a unx mismx. Es común, por ejemplo, haber sentido algo más allá de la amistad por algún mejor amigx, a veces por instantes, a veces por años. ¿Cómo discernir entre cariño y atracción? ¿Es esa conexión sinónimo de almas gemelas?

El cortometraje animado Mates imagina una bebida que nos permite encontrar a nuestra alma gemela (soul mates, de ahí el título) con solo unos tragos. La certeza embotellada que, al ser ingerida, ilumina a tu persona especial con un brillo del mismo color que el líquido consumido.

En una cafetería como escenario, la directora Anna Alcalá presenta a sus personajes y la dinámica entre ellos. Se trata de dos hombres jóvenes que conviven con complicidad y cariño expresados en gestos como saludarse aventando un pañuelo a la cara del otro, o sujetarse las manos en momentos de inseguridad. Un anuncio en la televisión les descubre la bebida, que tanto ellos como otros espectadores miran con asombro. Cuando uno de los protagonistas se anima a probarla y un brillo rosa envuelve a su amigo, parecen asaltarlo las dudas.

El cortometraje no emplea diálogos, por lo que se vale de un par de piezas musicales de la influencer LilyPichu como score. La suavidad de la música y las notas de un piano remiten a los dramas coreanos, mientras que el estilo de los dibujos se asemeja al de los animes japoneses. Estos elementos resultan adecuados para contar una historia igualmente tierna a un ritmo calmado, en la que se va construyendo cierta expectativa en torno a la interacción de los protagonistas. No es necesario escucharles para imaginar sus risas, o para saber cuando algo les sorprende o les atormenta. La animación es de trazos limitados, pero recurre hábilmente a los gestos, detalles, encuadres y movimientos necesarios para comunicar lo que ocurre entre los personajes y en la trama.

Es de destacar lo bien que se aprovecha el recurso del refresco, que no se queda solo en un objeto curioso o una invención futurista, sino que se usa a modo de metáfora para ayudar al desarrollo de la historia. Cuando uno de los jóvenes parece sentir confusión y dudas respecto a que su amigo resulte ser su alma gemela (y no, por ejemplo, una mujer, como esperaba), el otro chico le guía a la máquina expendedora de bebidas y le muestra que, además de la que él consumió, hay algunas otras, como una botella roja que reza “Amor verdadero”. Las imágenes en varios televisores les muestran momentos compartidos: el consuelo cuando se rompe un juguete, la compañía durante la graduación, tardes de videojuegos, y otros recuerdos que insinúan que es posible que sean almas gemelas, aunque eso no conlleve necesariamente al amor romántico, o al menos no de manera recíproca.

Uno de los grandes méritos de este cortometraje está en lo mucho que logra con los recursos que tiene. La simplicidad de sus elementos cinematográficos no se siente como un freno en su realización, sino que es congruente con la pureza de las emociones adolescentes/juveniles que representa. Al igual que en los doramas, por ejemplo, no es necesario desplegar imágenes eróticas para sentir la atracción contenida en algún personaje, sino que basta con el roce de una mano, o con una mirada expectante para sentir el anhelo y para apelar también a los sentires de lxs espectadorxs. Lograr esto no es poca cosa en tiempos en los que la animación parece medirse en parámetros grandilocuentes, con estudios que presumen a ejércitos de animadores y presupuestos millonarios para efectos de películas que al final pasan solo a ser una cifra más, el estreno de la temporada, del que ya nadie se acordará el siguiente verano. Mates, en cambio, tiene la cualidad de quedarse grabada en la memoria de nuestros temores como jóvenes cuirs y provocar ensoñaciones de un mundo en el que tenemos más claridad ante nuestros afectos, aunque sea gracias a una bebida mágica.